
En un mundo como el del motociclismo, en el que el riesgo y la velocidad es la materia prima del espectáculo, tener que dar noticias como la del fallecimiento de un joven y talentoso piloto sepultan la competición y hunden en el desánimo a aquellos que comprenden que lo realmente importante en esta vida es tener cerca a los que te acompañan.
Un atropello brutal mientras se disputaba la prueba de MotoGP en el circuito de Sepang sesgó la vida del piloto italiano
Marco Simoncelli, dejando el alma en vilo a los miles de asistentes que habían acudido al Gran Premio de Malaisia y destrozando a los componentes del
paddock del mundial de motociclismo. El piloto italiano
fue arrollado mientras intentaba controlar su Honda cuando se estaba disputando aún la segunda vuelta de la carrera.
Arrollado entre Edwards y Rossi

Simoncelli luchaba por mantener la cuarta posición con Álvaro Bautista cuando su moto, que calzaba una goma más dura que el resto de sus rivales,
empezó a deslizarse sobre el trazado de Sepang. El italiano intentó evitar la caída con tan mala fortuna que acabó en medio de la pista siendo arrollado por el estadounidense
Colin Edwards y su compañero y amigo
Valentino Rossi, que nada pudieron hacer para evitarlo.